6 de julio de 2009

¿dónde están los arquitectos madrileños?

El nuevo intercambiador de transportes de la Puerta del Sol es feo, demodé, provinciano y completamente fuera de contexto. Un adefesio, en definitiva, que Madrid no se merece. Pero nadie dice nada.

Hace unas semanas el Ayuntamiento decidió que Madrid no adopta el sistema de préstamo de bicicletas que ya tienen París, Barcelona, Zaragoza… Así, sin más. Sin dar mayores explicaciones, sin debate, sin que casi nadie se entere, la capital de España renuncia a una de las más atractivas y más interesantes aportaciones recientes al urbanismo de las grandes ciudades. Un sistema maravilloso que crea ciudadanía, es ecológico, supone nuevas formas de relación entre los ciudadanos y de éstos con el entorno, crea una ciudad más agradable, más convivida, más bonita, es divertido, saludable… Pero no, el Ayuntamiento de Madrid dice que no y no pasa nada. Nadie se entera, nadie protesta, nadie dice nada.

Se han levantado cuatro torres que cambian de forma dramática e irreversible el skyline de Madrid, y nadie opina, nadie se pregunta por qué ese proyecto, a qué responde, para qué sirve, si aporta algo o responde sólo a intereses que desconocemos.

Se han construido de la noche a la mañana no sé cuántos PAUs, con cientos de edificios espantosos y no sé cuántos cientos de miles de viviendas, que se dice pronto, y nadie, nadie, ha dicho nada, no ha habido debate, a nadie parece preocuparle que Madrid pueda crecer de pronto el tamaño de una Zaragoza sin que sepamos –excepto los pocos edificios de buenos arquitectos “con firma”, algunos de ellos excelentes- quién ha construido todo eso, cómo, con qué criterios, qué han pensado los arquitectos que han firmado bloque tras bloque de vivienda, si ha habido ahí una visión social y unos planteamientos urbanísticos sólidos, modernos, renovadores, o mera especulación depredadora de constructores y promotores sin escrúpulos…

Aquí nadie dice nada. Tendríamos que tener playa y que se amenazara con cerrar los chiringuitos para que los madrileños, ahí sí, reaccionáramos ante algo y protestáramos. Lo demás, todo da igual. Que no haya carriles bicicleta, que hagan torres, cuatro o las que sean, que se construyan PAUs como hongos, que se amplíen nuestros museos, que nos cambien la Puerta del Sol o la Castellana. Mientras no toquen el Bernabeu, todo da igual.

Me preocupan dos ausencias. La de la ciudadanía, que no inquiere, pregunta, protesta, debate, propone, se indigna o celebra. Que no dice nada de lo que se hace con su ciudad. Eso no pasaría en París, no pasaría en Londres, no pasa en Nueva York. Los madrileños somos una sociedad ombliguista, encantados de habernos conocido y a los que casi todo nos da lo mismo.

Pero sobre todo la de los arquitectos, que deberían estar en primera línea advirtiendo, llamando la atención, promoviendo el debate y, si hace falta, la protesta y las alternativas. Vivimos en una de las ciudades con mayor concentración de buenos arquitectos de mundo. Una ciudad con varias escuelas de Arquitectura, algunas buenas o muy buenas. Una ciudad donde se hacen unas cuantas de las mejores y más influyentes revistas de arquitectura del mundo. Pero qué va, con todo y con eso no hay debate alguno, ninguno alza su voz para referirse a lo que pasa en la ciudad. Los arquitectos en Madrid tampoco dicen nada.

Esta ausencia del foro público me parece más conspicua que tanta revista, tanto edificio y tanto concurso. Tanto, que es un rasgo de la arquitectura madrileña y debería haber tenido también su maqueta en la exposición del MOMA. La maqueta de un espacio vacío.

3 comentarios:

FG Trivino dijo...

Somos lo que queremos enseñar. Por eso no queremos criticar.
Ahora las revistas son expositores de moda o de sucesos, así las revistas han ido eliminando la crítica.
Ha llegado el momento en que como todo vale, pues no se sabe explicar el porque no vale.Bueno seguro que vale, pero solo dinero.
Valientes artilleros que somos, que solo valoramos lo ya valorado.
Animo, que siga el espíritu combativo!!!

Jin dijo...

estoy absolutamente de acuerdo contigo, José Antonio, sobre todo en lo que toca a los arquitectos. yo que vivo en el centro (y conoces mi casa, me llamo Jin —aquí— y también Marie y estuviste aquí el viernes pasado!), veo día a día la degradación de un Madrid que me gustaba mucho, y mi barrio en particular. parece que aquí sólo cuenta el dinero recaudado y el amiguismo o el no sé qué que pratican los políticos (los deturno o los otros, me da igual) y que no existe ningún tipo de control sobre nada.

ah, y también me parece ESPANTOSO el intercambiador de Sol!

lo que sí pienso es que hay gente que intenta moverse por internet, pero el resultado es descorazonador. un ejemplo: el teatro Albéniz, que hemos defendido con uñas y constancia... y hemos visto morir de muerte indigna.

pues eso...

Breckinridge dijo...

Querido

Llevo tiempo leyéndote y es la primera vez que te comento. No puedo estar más de acuerdo contigo, no puedes tener más razón. Añadiría más argumentos: la pérdida del espacio público, por ejemplo. Las plazas del casco antiguo están invadidas de terrazas de bares, que además atraen botellones. Lo que debe ser espacio público se convierte en negocio privado. Otro argumento: las arquitecturas "estrella", edificios con firma y sin criterio que le dan al ciudadano descerebrado (que somos todos, nadie levanta un dedo por nada) un motivo de "¿orgullo?" y de ilusión de modernidad cuando son propuestas vacías que dos años después no interesan a nadie.

Duele especialmente que el autor de la boca de metro de Sol sea Antonio Fernández Alba, que nunca fue un gran arquitecto pero cuya obra, hasta ahora, era coherente, estudiada y, aún mejor, nunca ha molestado. Esto molesta, y ofende, no tanto ya por su fealdad , sino sobre todo por el aspecto improvisado y lo chapucero (fíjate en el zócalo, con barandilla, es lamentable).

Te he puesto un enlace en mi blog, que sé que no te gusta nada, pero a mí sí me gusta el tuyo.

Besos