No tiene buena fama Annie Leibovitz entre la intelectualidad del arte. Yo mismo iba prevenido, lo reconozco, a su exposición en este PhotoEspaña, Annie Leibovitz. Vida de una fotógrafa. 1990-2005, y salí conmovido. No por las grandes fotos a color que la han hecho famosa, las habituales a que estamos acostumbrados para Vanity Fair, Rolling Stone…, pese a lo impresionante de algunas: Bush y sus secuaces, mirando fijamente a la cámara, y mirándonos por tanto fijamente a nosotros, seguros de una mentira, de que eran dueños del mundo, con expresión cínica el jefe máximo, implacable su secretaria de Estado, de canalla los Sres. Cheney y Rumsfeld; o un Fiscal General con aire completamente indefenso pese a la forma infranqueable con que lo vigila su agente de seguridad.
Me conmovió una foto en blanco y negro de Philip Johnson en su Glass House, de espaldas, con una inmensa distancia y un completo desinterés por el mundo. Me conmovió la foto en blanco y negro de Mikhail Baryshnikov y Rob Besserer en la playa, en una increíble posición de danza en equilibro inestable sobre la arena.
Me conmovieron, sobre todo, las fotos, más pequeñas, en blanco y negro, de su familia. En ellas está el peso de la exposición. En las fotos de sus padres, de sus tres hijas y de Susan Sontag, su pareja y cómplice durante muchos años. Unas que nacen a la vida y otros que van envejeciendo y desapareciendo.
Yo fui a ver la exposición de Annie Leibovitz para ver a Susan Sontag. Y me la encontré en París -tan su ciudad como Nueva York-, en Venecia, caminando por el Parque, por Sarajevo, escribiendo El amante del volcán. Susan Sontag con el pelo corto mirando a Sarah, la hija mayor de Annie, con condescendencia e incomprensión, con una distancia enorme, o jugando con ella torpemente, tan out of place como alguien que jamás hubiera tenido un hijo –que sin embargo sí tuvo, y uno se pregunta qué madre fue si parece no saber jugar con un niño, cogerlo, mirarlo siquiera…- Susan Sontag mientras le cortan el pelo para la quimioterapia, la enfermedad, la escisión de un pecho, Susana Sontag muriéndose.
Yo quería escribir sobre la foto de Baryshnikov, pero me doy cuenta de que esta carta es sobre Susan Sontag, una de las personas que más admiro del siglo XX y, sobre todo, de mis contemporáneos. Otros son Pina Bausch, Leonard Cohen, Cortázar, Sophie Calle, Caetano Veloso…
De Susan Sontag admiro tanto tantas cosas que no sé ahora qué decir. Su valía intelectual, atreverse a ser una intelectual europea sin ser por eso menos neoyorquina, su valentía en decir lo que pensaba incluso en los momentos más difíciles, en momentos en que nadie más se atrevía, en ser la primera en alzar la voz cuando había que hacerlo, en irse a Sarajevo a dar testimonio y hacer visible lo que estaba pasando. La palabra valor conjuga valía y valentía, y es por eso la que mejor va con Susan Sontag.
La vi variasveces en el BAM en Nueva York, siempre de negro, siempre acompañada, siempre impactante, con esa mirada fuerte de mujer inteligente. Y la vi una vez en el Wooster Theater, en una obra para poca gente, algo de work-in-progress, y le hablé, y cuando le dije que me iba a vivir en Colombia se le iluminó la mirada y me dijo, Me interesa Colombia, he estado, tiene que contarme; y sacó una tarjeta que sólo tenía su nombre y su correo electrónico, me apuntó a mano su dirección en West 24th y me dijo, Venga a verme. Pero claro, no fui, a las águilas no se les llama por teléfono, ni por telefonillos automáticos, para decir, Hola, soy yo, estoy aquí abajo, he venido a que hablemos de Colombia. No fui y luego se murió y yo ahora veo sus fotos de la enfermedad y el tormento del tratamiento al que se enfrentó, dos veces, con entereza y esperanza, y siento que su presencia le hace falta a nuestro mundo y que sin ella estamos peor.
Y ahora que estaba escribiendo sobre todo esto va y se muere también Pina Bausch, otro de mis referentes. Durante mis cuatro años en NY, yendo varias veces a la semana a oír música y ver opera y teatro y danza, no vi nada mejor, nada, que Masurca Fogo en el BAM -me pregunto ahora si también esa noche estaba ahí Susan Sontag-. Creo que no he visto nada mejor nunca sobre un escenario. Nada que me haya emocionado tanto.
Para mí Pina es la danza. Y la risa, la locura, la belleza, la emoción, el juego, la música. Tiene mucho que ver conmigo, con cosas importantes de mi vida actual, por ella mi chica es mi chica.
Pina Bausch también estuvo en Colombia. Presentó Café Müller en el Teatro Colón y hay unas fotos increíbles del arquitecto y escenógrafo Álvaro Tobón, que fue de quienes la llevaron entonces. Yo tengo una en mi casa, y es la pieza más bonita de cuantas tengo.
Y esa foto, y las de Susan Sontag en la sala de exposiciones de la calle Alcalá, me sirven para hacerles mi homenaje, a cada una, y fijarme en ellas para contarles lo importantes que las dos han sido para mí. Lo importantes que son para mí.
(foto: Café Müller, Álvaro Tobón)
Me conmovió una foto en blanco y negro de Philip Johnson en su Glass House, de espaldas, con una inmensa distancia y un completo desinterés por el mundo. Me conmovió la foto en blanco y negro de Mikhail Baryshnikov y Rob Besserer en la playa, en una increíble posición de danza en equilibro inestable sobre la arena.
Me conmovieron, sobre todo, las fotos, más pequeñas, en blanco y negro, de su familia. En ellas está el peso de la exposición. En las fotos de sus padres, de sus tres hijas y de Susan Sontag, su pareja y cómplice durante muchos años. Unas que nacen a la vida y otros que van envejeciendo y desapareciendo.
Yo fui a ver la exposición de Annie Leibovitz para ver a Susan Sontag. Y me la encontré en París -tan su ciudad como Nueva York-, en Venecia, caminando por el Parque, por Sarajevo, escribiendo El amante del volcán. Susan Sontag con el pelo corto mirando a Sarah, la hija mayor de Annie, con condescendencia e incomprensión, con una distancia enorme, o jugando con ella torpemente, tan out of place como alguien que jamás hubiera tenido un hijo –que sin embargo sí tuvo, y uno se pregunta qué madre fue si parece no saber jugar con un niño, cogerlo, mirarlo siquiera…- Susan Sontag mientras le cortan el pelo para la quimioterapia, la enfermedad, la escisión de un pecho, Susana Sontag muriéndose.
Yo quería escribir sobre la foto de Baryshnikov, pero me doy cuenta de que esta carta es sobre Susan Sontag, una de las personas que más admiro del siglo XX y, sobre todo, de mis contemporáneos. Otros son Pina Bausch, Leonard Cohen, Cortázar, Sophie Calle, Caetano Veloso…
De Susan Sontag admiro tanto tantas cosas que no sé ahora qué decir. Su valía intelectual, atreverse a ser una intelectual europea sin ser por eso menos neoyorquina, su valentía en decir lo que pensaba incluso en los momentos más difíciles, en momentos en que nadie más se atrevía, en ser la primera en alzar la voz cuando había que hacerlo, en irse a Sarajevo a dar testimonio y hacer visible lo que estaba pasando. La palabra valor conjuga valía y valentía, y es por eso la que mejor va con Susan Sontag.
La vi variasveces en el BAM en Nueva York, siempre de negro, siempre acompañada, siempre impactante, con esa mirada fuerte de mujer inteligente. Y la vi una vez en el Wooster Theater, en una obra para poca gente, algo de work-in-progress, y le hablé, y cuando le dije que me iba a vivir en Colombia se le iluminó la mirada y me dijo, Me interesa Colombia, he estado, tiene que contarme; y sacó una tarjeta que sólo tenía su nombre y su correo electrónico, me apuntó a mano su dirección en West 24th y me dijo, Venga a verme. Pero claro, no fui, a las águilas no se les llama por teléfono, ni por telefonillos automáticos, para decir, Hola, soy yo, estoy aquí abajo, he venido a que hablemos de Colombia. No fui y luego se murió y yo ahora veo sus fotos de la enfermedad y el tormento del tratamiento al que se enfrentó, dos veces, con entereza y esperanza, y siento que su presencia le hace falta a nuestro mundo y que sin ella estamos peor.
Y ahora que estaba escribiendo sobre todo esto va y se muere también Pina Bausch, otro de mis referentes. Durante mis cuatro años en NY, yendo varias veces a la semana a oír música y ver opera y teatro y danza, no vi nada mejor, nada, que Masurca Fogo en el BAM -me pregunto ahora si también esa noche estaba ahí Susan Sontag-. Creo que no he visto nada mejor nunca sobre un escenario. Nada que me haya emocionado tanto.
Para mí Pina es la danza. Y la risa, la locura, la belleza, la emoción, el juego, la música. Tiene mucho que ver conmigo, con cosas importantes de mi vida actual, por ella mi chica es mi chica.
Pina Bausch también estuvo en Colombia. Presentó Café Müller en el Teatro Colón y hay unas fotos increíbles del arquitecto y escenógrafo Álvaro Tobón, que fue de quienes la llevaron entonces. Yo tengo una en mi casa, y es la pieza más bonita de cuantas tengo.
Y esa foto, y las de Susan Sontag en la sala de exposiciones de la calle Alcalá, me sirven para hacerles mi homenaje, a cada una, y fijarme en ellas para contarles lo importantes que las dos han sido para mí. Lo importantes que son para mí.
(foto: Café Müller, Álvaro Tobón)
3 comentarios:
"Julio y Sophie y..."
coincido en muchos de tus referentes. De Susan Sontag sólo leí "Sobre la fotografía" pero ya allí me conmovió su mente profunda y certera. De Julio y Sophie, y de Leonard, qué decir...
Bueno, tal vez te lo pueda decir este viernes, subdios a una azotea, en una noche casi de ferragosto.
puedes entrar en mi paraíso derrumbado, si te atreves: http://paraisoenobras.blogspot.com
saludos
me gusta tu crónica. fíjate, no pensaba ir a ver a Leibovitz porque pensaba que sólo vería fotos de encargo espectaculares, y no quería salir decepcionada...
pero iré a ver "tu" Susan Sontag, la que todos amamos (o al menos muchos)
Ví una vez a Susan Sontag en un café en NY, hará unos 15 años. Siempre digo que, con la excepción de Liza Minelli (que es mucha excepción) es mi mayor éxito en el nada noble deporte del "celebrity spotting".
Me quedé con ganas de decirle que su "Notes on Camp" cambió mi vida, que es una de las cosas más inteligentes que he leído nunca y que procuro ceñirme a sus códigos si no en todas las facetas de mi vida al menos en las privadas (y desde luego en mi blog), que son las que cuentan . Mi problema con Annie Leibovitz es la sobre-exposición. Estando como estoy suscrito a Vanity Fair hay pocas fotos suyas que no haya visto antes. De acuerdo contigo en que las de la Sontag muriendo (su familia demandó por ellas a Annie, por cierto) son fabulosas y de una ternura conmovedora.
Admiro a Pina Bausch y comprendo el seguimiento ferviente que genera, pero tengo que admitir que no me gusta su estilo, quizá porque tuve demasiada formación en ballet clásico y me falte algo para comprender bien del todo su obra. La vi actuar hace mucho, quizá 20 años, en uno de los primeros Festivales de Otoño (que nada es lo que era, por cierto), el mismo año que vino Merce Cunningham, que me gustó mucho más, y el Alvin Ailey Theatre, cuyo atleticismo me encantó. Pero dejé de ir al ballet hace más de 10años, después los años que viví Israel, donde por cierto hay una compañía maravillosa, creada por Susan Dellal y que lleva su nombre.
Abarzos fuertes.
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