Leo Estrella distante en Belgrado. No sé qué hago en Belgrado ni hay ningún motivo especial para que lea aquí esa novela de Bolaño, como no lo había para que leyera On the Road viajando en autobús suicida por Ecuador, La regenta por Centroamérica o el Quijote en el Hotel Península de Hong Kong. Los libro nos van encontrando y, como leemos más cuando viajamos, sucede a veces que algunos de los mejores, o al menos de los mas voluminosos, los hemos leído en sitios improbables, como ahora Estrella distante en Belgrado .
No sabía que era sobre el golpe militar de Pinochet. Más que eso, que es la novela del golpe. Leí hace un año Milico, de José Miguel Varas, y no le llega a los talones. Estrella distante es muy Bolaño -todas las novelas de Bolaño son muy Bolaño, como todas las de Vila-Matas, por ejemplo, son muy Vila-Matas-, y por eso me sorprende que sea una novela tan chilena, porque Bolaño nunca era muy chileno, ni muy de ninguna parte, tal vez un escritor mexicano en España, no sé, pero no chileno como son chilenos los demás escritores chilenos.
Así que sucede que es once de septiembre y yo, lo que son las cosas, ando leyendo la novela del golpe de Pinochet mientras camino por un parque de Belgrado. No me acuerdo de ese once de septiembre, hace hoy treinta y seis años, pero sí me acuerdo de un sábado de principios de octubre hace once, cuando me desperté y abrí el periódico -el NY Times, porque entonces vivía yo en Nueva York- y me encontré con la sorpresa de que habían detenido a Pinochet en Londres por orden del juez Garzón y se me salieron las lágrimas de la emoción y el agradecimiento. Y gracia a eso, que no se nos olvide, ese señor pasó meses detenido y se lo puso en la picota y se murió en la infamia y se abrieron en Chile caminos y procesos que si no, nos nos engañemos, no se habrían abierto o habrían tardado mucho más en abrirse.
Y ahora resulta que, mientras yo estoy en Belgrado y leo sobre el golpe de Pinochet cuando se cumple un año más, el mismo juez Garzón es ahora el procesado por hacer lo que suele hacer: perseguir la infamia, sea de militares chilenos torturadores, de asesinos fanáticos con diferente RH o de Franco y los suyos. Y por hacer eso, lo que debe hacer un juez decente, resulta que el procesado es él.
Y como en España parece que todo nos da igual y nada importa si no es lo que nos afecta directamente al bolsillo o a nuestra forma de vida -el chiringuito, el jamón, el fútbol..., y afortunadamente nuestra selección sigue ganando y es favorita para el Mundial-, que el Juez Garzón esté en los tribunales -los pájaros disparando a las escopetas- a nadie le importa demasiado, y a la puerta de los juzgados sólo están para apoyarlo, dicen las noticias, algunos hijos y nietos de víctimas del franquismo, como si lo que él quería hacer sólo fuera en favor de ellos y no de toda la sociedad.
Y como a mí me importa, y respeto y admiro el trabajo que hace el juez Garzón, aprovecho que estoy en Belgrado y que acabo de terminar Estrella distante y que es once de septiembre para escribir esto y dejar constancia de mi apoyo y mi agradecimiento.
1 comentarios:
me sumo al agradecimiento tuyo, bien se lo merece Garzón. tampoco entiendo mucho de lo que pasa últimamente en este país: odios sobre odios y disparos por todas partes, ya no sabe uno dónde situarse, se van esfumando las referencias (estéticas, éticas, tiene mucho que ver por cierto) sin que se proponga nada a cambio, una huida hacia delante imparable y la necedad por todos los sitios.. triste.
(marie, la de la terracita tertuliana)
Publicar un comentario en la entrada