7 de septiembre de 2009

Nuestros arquitectos y nuestras ciudades

ABC

España tiene una de las mayores concentraciones de arquitectos de prestigio del mundo, algunas de las mejores publicaciones de arquitectura, leídas por todas partes, y unas cuantas Escuelas de primera categoría. Nuestra arquitectura es a tal punto un referente internacional que hace poco el MOMA le concedió el raro privilegio de una exposición individual, On Site: New Architecture in Spain.

Y sin embargo, aunque parezca mentira, apenas han tenido que ver esos nombres que tanto prestigio dan a la arquitectura española y de cuyos proyectos están llenas las revistas con el desmesurado e irracional boom del ladrillo que en estos últimos años ha multiplicado nuestro territorio construido.

No son esos arquitectos quienes están construyendo nuestras ciudades. Ni, mucho menos, quienes las están pensando. Si es que alguien las está pensando y no están creciendo, salvo excepciones, al desgaire, a golpe de pelotazo y coge-el-dinero-y-corre. En España la arquitectura de prestigio es en su gran mayoría pública y se queda en proyectos, a veces encomiables, de vivienda social firmados por arquitectos con oficio o, sobre todo, en equipamientos fastuosos -centros de convenciones, estadios, auditorios, museos de arte contemporáneo, centros de arte, bibliotecas...- que proliferan por todas partes, promovidos a menudo por el afán, a veces hasta paleto, de ayuntamientos y comunidades autónomas por estar a la última y tener en sus territorios artefactos arquitectónicos llamativos o la firma de algún galáctico de la arquitectura internacional -un “sueño Guggenheim” similar al sueño de Eldorado que antaño llevaba a la gente a América-.

Pero no son unos cuantos proyectos ocasionales de protección social ni mucho menos esos edificios emblemáticos, más o menos necesarios, los que construyen las ciudades. Unos y otros son apenas un añadido, parte de un decorado que apenas esconde que lo demás, cientos de miles de viviendas, nada menos, no sabemos qué proponen, qué aportan, a qué responden. Pequeños lujos arquitectónicos que poco añaden al desastre general que el ladrillo está suponiendo en España.

2 comentarios:

Breckinridge dijo...

Por algún motivo me reconozco en la palabra "paleto". Mejor tu texto original que el publicado.

SANTIAGO DE MOLINA dijo...

José Antonio, como siempre, es un gusto verte defendiendo la arquitectura. Un abrazo fuerte

Santi de Molina