2 de abril de 2011

Los límites del arte contemporáneo. 1- Arte y cine


Interesante conversación hacr tres días en Madrid con el artista Oscar Muñoz, que inaugura exposición en La Fábrica, Efraín Muñoz, su galerista en España, y el crítico de arte Carlos Jiménez, colombianos los tres aunque desde luego madrileños a la vez estos dos últimos, en torno a un tema que me obsesiona y al que llevo tiempo dando vueltas, los límites del arte contemporáneo, qué es y qué no es arte, los bordes y fronteras entre el arte y otras disciplinas, en esta ocasión el cine, qué es arte y qué cine, cuándo es arte lo que un artista hace y cuándo se convierte de repente en cine y qué hace que así sea o así se considere, si un artista sigue siéndolo aunque su pieza se proyecte en el circuito del cine o pasa en cambio a ser cineasta.

Llevo tiempo queriendo escribir sobre esto y la conversación me sirve de acicate para no seguir huyéndole al tema. Así que aparezco de nuevo en este blog que por varios motivos (dos sobre todo, familiar uno, profesional otro) he tenido abandonado durante algunos meses.

Hace unas semanas veía en la Bienal de Sao Paulo obras de Godard o de Pedro Costa pensadas para el cine, concebidas -digamos para irnos entendiendo porque no va a haber, si no, manera- para ser distribuidas y exhibidas como cine, en pantallas grandes de salas públicas y no de forma semi-pública o privada en las pequeñas de plasma habituales en galerías y museos; de acuerdo, en definitiva, con la lógica del medio cinematográfico propia de dos creadores de ese medio. Poco después iba a Segovia a ver La dama de Corinto, la pieza de José Luis Guerín comisionada y concebida, ésta sí, expresamente para un espacio artístico y, digamos para seguirnos entendiendo, como pieza artística y de acuerdo con la lógica del medio artístico. Y que reflexiona además, por cierto, sobre algo tan propio del arte y tan de su esencia como la naturaleza y el origen de la pintura, su origen mítico como trazo de una sombra. El propio Guerín se refiere a la circunstancia de que hoy, que la pintura ha perdido (momentáneamente, añado yo) su prestigio como arte, sea el cine quien sigue proyectando una imagen sobre un lienzo.

Y al tiempo que me topo con estos trasvases del medio del cine al del arte, me encuentro con que en la última Berlinale se estrena NO, Global Tour de Santiago Sierra, otra pieza más en su trayectoria pero no una esta vez a tantos miles de euros cada ejemplar de la edición sino al precio más pedestre de diez euros, más o menos según el sitio, la entrada para sentarse a verla, como en 2008 Steve McQueen estrenó en Cannes Hunger, su película sobre la huelga de hambre de los presos del IRA en 1981, o como en 2009 Shirin Neshat ganó el León de plata en Venecia por Women Without Men.

El quid de nuestra conversación de hoy estaba en que Carlos Jiménez dice que lo que hay en esos casos son artistas que hacen cine y por tanto lo que presentan son películas como, aquí soy ya de nuevo yo quien dice, son películas las de Clint Eastwood o las de Godard o Pedro Costa por mucho que éstas últimas se exhiban en la Bienal de Sao Paulo, mientras que yo decía que lo que hay son piezas artísticas exhibidas en el circuito del cine, producidas incluso de acuerdo con los mecanismos y la lógica con que se produce cine, muy distintos sin duda a los mecanismos y lógica con que se producen piezas de arte (el cine, entre otras cosas, y para empezar, es siempre es mucho más caro de producir), pero arte al fin y al cabo. Y no cine.

O sea, sostenía yo, no es lo mismo un Schnabel que deja el arte y se pasa a hacer cine, por mucho, y ese es otro tema, que su mirada siempre sea la del artista -como la mirada de pintores como Juan Navarro o la música de Xenakis serán siempre las de un arquitecto- que artistas que expanden sus horizontes y su forma de hacer las cosas y se meten en el terreno de lo cinematográfico como un medio más de producir su obra artística, hasta de concebirla y desarrollarla, de seguir avanzando. Como Matthew Barney quizá el primero de estas últimas generaciones. Como Alberto García-Álix, que creó y produjo su película De donde no se vuelve para la retrospectiva que le dedicó el Reina y ahora la está mostrando, con enorme éxito que él no esperaba, en festivales de cine. Como Steve McQueen, como Shirin Neshat, como Santiago Sierra.

Ojo, estas películas de artista serán sin duda pocos quienes vayan a a verlas a las salas de cine, si es que llegan a estrenarse -a menos que sea NY, donde una del ciclo Cremaster de Matthew Barney contaba con salas llenas cada día en el cine del Village donde se estrenó-, hasta en eso entran de lleno los incautos artistas en el medio del cine. NO, Global Tour o Women Without Men se igualan a otras películas en lo bueno, estrenar nada menos que en la Berlinale por ejemplo, pero también desde luego en lo malo: serán sin duda pocas las salas donde, si acaso, se estrenen, como les pasa cada año también a otros muchos cientos de películas independientes que se producen y no se estrenan o se estrenan y apenas duran unos pocos días en pantalla. Y si hasta fueran pirateadas serían ya del todo películas de cine en vez del cómodo y exclusivo producto habitual de las galerías: una edición de pocos ejemplares de una pieza de video para los pocos coleccionistas que las compran y que los demás ya no podrán más que ocasionalmente en museos y retrospectivas.

Pero en fin, terreno delicado sobre el que apenas empiezo a reflexionar y a pergeñar algo escrito y sobre el que seguiré en las próximas semanas.